Fernando Ortiz Letelier

Fernando Ortiz fue profesor de Historia y Geografía de la Universidad de Chile, casado y separado de María Eugenia Rojas con quien tuvo tres hijos: Estela, María Luisa y Pablo. Después se emparejó con María Luisa Azócar quien fuese su pareja hasta el momento de su detención. Fue dirigente de la Asociación de Profesores y Empleados de la Universidad de Chile (APEUCH); miembro del Consejo Superior Normativo de la Universidad de Chile, secretario general de las Juventudes Comunistas y secretario general del Comité Central del Partido Comunista clandestino (1976).

Nace en Talca, hijo primogénito de Estela y Carlos con los cuales mantiene una relación muy estrecha. Lo siguen sus hermanas Marta y Eliana. Cuando era chico, su padre comerciante se traslada a Puerto Montt donde instala una tienda de telas y otros utensilios. “El Coloso” aún existe.

Fernando pasa su adolescencia y juventud en Puerto Montt, donde se hace comunista. Luego se traslada a estudiar a la Universidad en Santiago, pero transcurridos dos años su padre muere y debe volver para ayudar a su madre con la tienda.

Tras terminar sus estudios regresa a Santiago y es docente de la Facultad de Historia de la Universidad de Chile, donde se compromete fuertemente con la Reforma Universitaria. Como profesor es exigente y cálido; como padre, preocupado y cariñoso. Es buen conversador, narrador de historias, educador incansable y también exigente, pero goza de las pequeñas cosas cotidianas. Tiene salidas de humor divertidas y le atraen las curiosidades. Le gusta calcular cosas. Por ejemplo, cuánto se demora caminando (otro de sus placeres) desde la Plaza Egaña a la calle Lynch.

En el año 1976, asume la dirección del Partido Comunista, justo después de la caída de la gente de mayo. Vive en clandestinidad desde 1973 y usa chapa con el nombre de Mario Poblete. Se habla de la posibilidad de que sea detenido y de que lo más seguro es que lo torturen y maten. Él, comunista con convicción hasta su último suspiro, se entrenó para no delatar a nadie.

A pesar de los tiempos, idea mil formas para ver a su familia.  Aparece de improviso en una esquina, se sube a una micro en la que viaja su mujer o los espera en algún paradero. No podía hablarles, pero le bastaba con verlos, y caminaba fugaz frente a su casa con la ilusión de divisar a sus nietos; los pequeños Javiera y Camilo.

El 15 de diciembre de 1976, a las 7 de la tarde, a pocos metros de la Plaza Egaña, caminaba acompañado por Waldo Pizarro por Avenida Larraín cuando se detuvieron a su lado tres autos sin patente de los que descendieron individuos que golpearon violentamente a Fernando Ortiz y a Waldo Pizarro. La operación era parte del llamado grupo de los “trece”, militantes del PC y el MIR secuestrados por agentes de la dictadura militar entre el 29 de noviembre y el 20 de diciembre de 1976, por tenerse como piezas centrales para el desarrollo de insubordinaciones.

Mucho tiempo después, luego de arduas búsquedas de su familia, en el año 2001, el informe de la Mesa de Diálogo señaló que  sus restos se encontraban en una fosa clandestina de la cuesta Barriga, junto a los de  Lincoyán Berríos Cataldo, Horacio Cepeda Marinkovic, Luis Lazo Santander, Fernando Navarro Allendes y Héctor Véliz Ramírez. En el lugar solo fueron encontrados  fragmentos óseos. Posteriormente, en el año 2012, solo unos pocos de estos pequeños fragmentos fueron identificados mediante pericias genéticas, como pertenecientes a Fernando Ortiz, Lincoyán Berríos y Horacio Cepeda. Su familia pudo enterrarlo el sábado 28 de Julio del 2012, cuando su hija, María Luisa Ortiz tomó la palabra para recordar las mil batallas y furias que habían dado para llegar a ese momento y reivindicar la impunidad de una memoria y justicia negadas.

 

Fuentes

Relato de Ricardo Brodsky: http://www.elquintopoder.cl/justicia/fernando-ha-vuelto:
Memoria Viva: Testimonio María Luisa Ortiz
Entrevista de Estela Ortiz
El mostrador: viernes 12 de enero del 2001.
Juan Fernando Ortiz Letelier, papá querido.
http://manuelguerrero.blogspot.com/2012/07/texto-de-despedida-leido-por-hija-de.html
Testimonio de María Luisa Ortiz