¿Qué hago sin Enrique?

Cuando llegué a la casa de mi polola después del golpe, su mamá, me dijo que Enrique había muerto. Me lo largó de entrada. Eran brasileros y era como la forma de ser que ellos tenían… Pero a mi me entró por una oreja y me salió por la otra. Yo medio lo tenía un poco en mi mente. Enrique estaba desaparecido, nadie sabía nada de él. Pero se podía pensar que estaba escondido, mientras no apareciera el cuerpo… Siempre se guarda una esperanza, pero uno sabe que están muertos. Un poco con Enrique pasó eso. Pudimos pensar que estaba preso. Desparecido en alguna parte. Pero después cuando estaba encerrado con Lira Massi en embajada x, me dio un llanterío. No lo podía creer. Me acuerdo que Massi parecía como papá mío. Estuvimos encerrados un mes ahí, nadie nos podía ver. Me oyó, me consoló… Mira, yo debo haber estado dos días con una depresión.

¿Qué hago ahora? ¿qué hago sin Enrique?, pensaba.

Yo salía con Enrique todos los días, salíamos juntos, teníamos los mismos amigos. Fue como si te quedaras viudo. Esa sensación. Y dije ¿qué hago yo?. Me di cuenta de mi dependencia. Porque yo era el hermano menor, pero éramos amigos y todo lo que querai, pero yo era el hermano menor, po. O sea, él me tenía que cuidar a mí. ¿Y qué hago ahora? Porque fíjate que puedes tener hermanos, pero tú no sales con ellos. No sé, po. Cada uno anda por su cuenta. Pero cuando tú tienes una relación tan íntima, tan íntima incluso política. Todo el mundo sabía que yo era el hermano de él en la población. Al final no era, ¿cómo se llama?, no era novedad. Y la gente me trataba con cariño como si hubiera sido él. Y esa sensación de calor. Porque siempre íbamos juntos. Vivíamos juntos, dormíamos en la misma pieza. Hasta los últimos días… Es complicado.       Y, bueno, ahí empecé a sobrevivir sin él, nomás.

Relatado por Max Ropert, hermano de Enrique Ropert.